México: El 71% de los Adultos Padece Enfermedad Venosa Crónica y No lo Sabe. ¡Conoce los Síntomas y Riesgos!

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Descubre que el 71% de los adultos mexicanos padece Enfermedad Venosa Crónica (EVC) sin saberlo. Conoce los síntomas clave, factores de riesgo y la importancia del diagnóstico temprano para una vida saludable. ¡Infórmate y actúa!

Un reciente estudio ha puesto de manifiesto una preocupante realidad en México: el 71% de los adultos mexicanos sufre de Enfermedad Venosa Crónica (EVC) sin tener conciencia de su condición, sus síntomas o los factores que la desencadenan. Esta cifra subraya la necesidad urgente de aumentar la sensibilización y el conocimiento sobre esta afección que, aunque no siempre es mortal, puede impactar significativamente la calidad de vida de quienes la padecen.

La Enfermedad Venosa Crónica, también conocida como flebopatía crónica, se origina por un mal funcionamiento de las válvulas en las venas de las piernas. Estas válvulas son esenciales para asegurar que la sangre fluya de regreso al corazón. Cuando se debilitan o se dañan, la sangre puede acumularse en las piernas, generando una presión elevada en las venas. Aunque en sus etapas iniciales puede presentar síntomas leves, la EVC es una enfermedad progresiva que, con el tiempo, puede interferir con las actividades diarias y llevar a complicaciones graves.

El estudio epidemiológico, publicado en ResearchGate, reveló que la prevalencia de EVC en México alcanza el 71.3%, afectando predominantemente a mujeres (76.3%) con una edad media de 44.7 años. Este dato coincide con otras observaciones que indican una mayor prevalencia en mujeres, vinculada a factores como los niveles hormonales y el embarazo. Los síntomas más reportados por los pacientes fueron dolor (73.1%) y pesadez (71.9%) en las piernas.

La EVC se manifiesta a través de una variedad de signos y síntomas que a menudo son ignorados o confundidos con el cansancio cotidiano. Entre los más comunes se incluyen dolor intenso, sensación de pesadez o calambres en las piernas, especialmente al estar de pie, mejorando con la elevación de las extremidades. Otros síntomas abarcan picazón, hormigueo, hinchazón en piernas y tobillos, que suele ser más notoria al final del día y disminuye con el reposo. A medida que la enfermedad avanza, pueden aparecer cambios en la piel como irritación, resequedad, enrojecimiento (dermatitis de estasis), engrosamiento y endurecimiento de la piel (lipodermatoesclerosis), várices superficiales, arañas vasculares y, en los casos más severos, úlceras o heridas que tardan en sanar en piernas y tobillos.

Diversos factores de riesgo contribuyen al desarrollo de la Enfermedad Venosa Crónica. La edad avanzada es uno de los más significativos, ya que con el paso de los años las válvulas venosas tienden a debilitarse. Los antecedentes familiares de insuficiencia venosa también aumentan la predisposición genética a la condición. El sexo femenino, el embarazo y la obesidad son factores clave, así como las ocupaciones que implican pasar mucho tiempo de pie o sentado. Otros factores incluyen antecedentes personales de coágulos sanguíneos (trombosis venosa profunda), un estilo de vida sedentario, tabaquismo e hipertensión.

El diagnóstico temprano de la EVC es crucial para prevenir su progresión y evitar complicaciones. Se realiza a menudo mediante un examen físico, la evaluación de los síntomas reportados por el paciente y, fundamentalmente, a través de una ecografía Doppler. Este examen utiliza ondas sonoras para visualizar el flujo sanguíneo en las venas de las piernas y detectar cualquier anomalía valvular.

El tratamiento de la EVC varía según la gravedad de la afección. Las medidas conservadoras son a menudo la primera línea de defensa e incluyen cambios en el estilo de vida como realizar actividad física, evitar el sedentarismo, mantener un peso saludable y el uso de medias de compresión. Para casos más avanzados, existen tratamientos mínimamente invasivos como la escleroterapia, la ablación por radiofrecuencia y la ablación por láser, que son eficaces para eliminar várices y arañas vasculares, con menos dolor y una recuperación más rápida que los procedimientos quirúrgicos. La cirugía puede ser necesaria en situaciones específicas. La insuficiencia venosa crónica, aunque no es grave por sí misma, si no se trata, puede provocar una disminución de la calidad de vida y úlceras venosas que son difíciles de tratar y pueden reaparecer. Por ello, es vital la adherencia al tratamiento y el seguimiento médico continuo.

La alta prevalencia de EVC sin diagnóstico en México resalta la importancia de campañas de concientización para que la población identifique los factores de riesgo y los síntomas iniciales. La atención oportuna puede marcar una diferencia significativa en el manejo de la enfermedad y en la prevención de sus efectos más debilitantes. Se recomienda que, ante cualquier síntoma o factor de riesgo, se consulte a un especialista vascular para un diagnóstico y tratamiento adecuados.

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