Alerta Global: ¿Se acerca un 'Súper El Niño' en 2026 con calor récord y fenómenos extremos?

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Científicos alertan sobre la alta probabilidad de un 'Súper El Niño' en 2026, con un 62% de posibilidades de desatar calor récord y fenómenos climáticos extremos a nivel global, afectando severamente a México, Ecuador y otras regiones.

La comunidad científica y los organismos de monitoreo climático han emitido una alerta global ante la creciente probabilidad de que un evento de “Súper El Niño” se desarrolle durante 2026, con proyecciones que indican un impacto significativo en las temperaturas globales y una alteración drástica de los patrones climáticos en diversas regiones del mundo, incluyendo México y Ecuador. Este fenómeno, caracterizado por una intensidad extraordinaria, podría generar consecuencias severas a escala planetaria.

Según un análisis climático reciente, existe una alta probabilidad, estimada en cerca del 62% por organismos como la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), de que este fenómeno se forme entre junio y agosto de 2026 y persista hasta finales del año. De hecho, algunas simulaciones del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Medio Plazo (ECMWF), considerado uno de los modelos de pronóstico a largo plazo más fiables, sugieren la posibilidad de un evento fuerte hacia el otoño e inicios del invierno. Incluso, el meteorólogo Ben Noll, en un análisis publicado en The Washington Post, sostuvo que las probabilidades de un “Súper El Niño” continúan en aumento, con algunos escenarios indicando que podría ser el fenómeno más intenso en más de un siglo, con una probabilidad del 75% de que se desarrolle para octubre. La NOAA, en su reporte del 9 de abril de 2026, detalla que entre mayo y julio de 2026, es probable que surja El Niño (61% de probabilidad) y que persista al menos hasta finales de 2026, destacando que los posibles resultados fluctúan desde un ENSO-neutral hasta un El Niño muy fuerte durante el invierno del hemisferio norte.

Un “Súper El Niño” se define por un calentamiento anormal de las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial, donde las temperaturas del mar en el Pacífico ecuatorial superan los 2 °C por encima del promedio. Este incremento de temperatura altera la circulación atmosférica global, modificando los patrones de viento y lluvia en todo el planeta. Los efectos de un evento de esta magnitud son amplios y contrastantes, y pueden sentirse durante meses o incluso más de un año.

Entre las principales consecuencias globales que se prevén, se incluyen olas de calor más intensas en los países tropicales, sequías que podrían extenderse por todo el mundo, y el aumento de la probabilidad de fenómenos meteorológicos extremos. Un fenómeno de El Niño particularmente fuerte aceleraría el calentamiento global, contribuyendo a que las temperaturas globales alcancen niveles récord, posiblemente superando años recientes considerados los más cálidos de la historia. La concentración creciente de gases de efecto invernadero impide que el sistema climático disipe eficazmente el calor adicional liberado durante un episodio importante de El Niño antes de la llegada del siguiente, elevando así el nivel de referencia de las temperaturas globales. Expertos advierten que el planeta ya está sobre una “hornilla caliente” debido al cambio climático, y El Niño solo aumentaría la intensidad del fuego.

Las repercusiones regionales son motivo de especial preocupación. Para México, se prevén olas de calor más intensas, inundaciones, y alteraciones en los ciclos de lluvias. El “Súper El Niño” podría influir en la actividad ciclónica, reduciendo la formación de ciclones en el Atlántico, pero volviendo las condiciones violentas en el Pacífico oriental, con una temporada de huracanes más activa y procesos de intensificación rápida que disminuirían la ventana de preparación para estados como Jalisco, Nayarit y Baja California. Además, el sector agrícola podría verse severamente afectado, con posibles retrasos en las siembras del ciclo primavera-verano, poniendo en riesgo la producción de maíz y forraje para la ganadería, especialmente en estados del norte y del Bajío, donde el sector agrícola absorbe el 82% de los daños por sequía. En general, El Niño suele reducir las lluvias en gran parte del país, lo que puede agravar sequías prolongadas, estrés en presas y acuíferos, e incendios forestales.

En otras regiones, los impactos también serían significativos. Las islas del Pacífico, como Guam, Hawái y Samoa Americana, podrían experimentar un clima más seco, aunque con un aumento en la probabilidad de ciclones que podrían traer fuertes lluvias de repente. En Ecuador, este escenario cobra especial relevancia, con el meteorólogo Ben Noll explicando que un fenómeno extremo podría producir lluvias e inundaciones severas, y las proyecciones climáticas internacionales ya han sido utilizadas por el Consejo Nacional Electoral (CNE) para modificar el calendario electoral para las elecciones seccionales. Se anticipan sequías severas en lugares como India, el Caribe, África central, Australia, Indonesia, Filipinas, Centroamérica y el norte de Brasil, mientras que lluvias torrenciales podrían afectar Perú, Ecuador, África, Oriente Medio y el Pacífico ecuatorial. Costa Rica podría enfrentar una crisis energética y Panamá podría verse obligada a restringir el tránsito de grandes buques por el Canal debido a la reducción del nivel de las aguas, lo que impactaría el comercio mundial.

Es importante señalar que, si bien la probabilidad de un “Súper El Niño” aumenta, las previsiones realizadas a principios de primavera suelen ser menos fiables que las que se hacen más adelante en el año, y los científicos aún recomiendan cautela al interpretar proyecciones a largo plazo. El sistema interconectado y en constante cambio de las corrientes atmosféricas y oceánicas a escala mundial determina el clima que experimentamos cada día, y el fenómeno de El Niño-Oscilación del Sur (ENSO) es uno de los principales reguladores del clima a nivel planetario, con sus fases cálida (El Niño), fría (La Niña) y neutral. Tras un periodo donde han predominado las anomalías negativas de temperatura reflejo de La Niña, especialmente intensas entre agosto de 2025 y febrero de 2026, el panorama climático se prepara para una transición significativa. Los indicios actuales detallan que El Niño es inminente, con una posible llegada hacia finales del verano o inicios del otoño de 2026, y se espera que aumente la vigilancia sobre su evolución y la preparación de medidas preventivas en distintas regiones vulnerables a sus efectos.

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