Maternidad en México Cae a Mínimos Históricos

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La maternidad en México cae a mínimos históricos, impulsada por presiones económicas, incertidumbre y desigualdad en el hogar. La Encuesta Intercensal revela una baja a 1.2 hijos por mujer, acelerando el envejecimiento poblacional.

La maternidad en México experimenta una significativa disminución, impulsada por una compleja interacción de factores económicos, sociales y culturales. Este fenómeno, que ha captado la atención de investigadores y organismos oficiales, se traduce en un rápido envejecimiento de la población y plantea importantes desafíos para el futuro demográfico y socioeconómico del país.

Según la Encuesta Intercensal 2025 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), la tasa global de fecundidad en México ha experimentado una caída notable, pasando de 1.9 hijos por mujer en 2019/2020 a 1.2 en 2024/2025. Esta cifra se sitúa considerablemente por debajo de la tasa de reemplazo generacional, que es de 2.1 hijos por mujer, lo que indica que la población no se está renovando a la misma velocidad. Este descenso es comparable a las tendencias observadas en países como Japón, Italia y Grecia, naciones caracterizadas por poblaciones envejecidas.

Las investigaciones recientes, incluyendo un sondeo del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) realizado a finales de 2024 en México y otros 13 países, señalan que las presiones económicas constituyen el principal factor para el aplazamiento o la eliminación de la maternidad. En este estudio, el 35 por ciento de los encuestados destacó las restricciones económicas como la razón primordial para no procrear o tener menos hijos de los deseados. Otros factores económicos relevantes incluyen las limitaciones en la vivienda (23 por ciento), el desempleo o la precariedad laboral (21 por ciento), y las opciones de cuidado infantil insuficientes o de baja calidad (14 por ciento).

Más allá de las cifras, el elevado costo de vida y las dificultades para acceder a una vivienda adecuada son preocupaciones palpables que llevan a muchas mujeres a reconsiderar la maternidad. La incertidumbre sobre el futuro, abarcando la situación política o social (21 por ciento) y el cambio climático (14 por ciento), también emerge como un inhibidor significativo. Estos elementos contribuyen a un panorama en el que la estabilidad financiera y un entorno predecible se perciben como condiciones indispensables para asumir la responsabilidad de criar hijos.

Asimismo, el reparto inequitativo de las labores domésticas y de crianza ejerce una presión considerable. La falta de un sistema público robusto que permita conciliar la vida profesional con la familiar desincentiva la maternidad, especialmente cuando se percibe una ausencia de apoyo económico y de cuidado infantil por parte de las parejas. Este desequilibrio no solo impacta en la esfera personal y profesional de las mujeres, sino que también reduce a la mitad sus posibilidades de movilidad social, como lo ha evidenciado un estudio del Centro de Estudios Espinosa Yglesias.

La individualidad como proyecto personal y la búsqueda de alternativas de vida también juegan un rol crucial en esta tendencia. El mayor acceso a la educación y a oportunidades de empleo ha modificado el proyecto de vida de las mujeres mexicanas, llevando a que la maternidad deje de ser vista como un destino o una obligación para convertirse en una opción más entre otras aspiraciones. Estados como la Ciudad de México reflejan esta tendencia con la tasa de fecundidad más baja del país (0.8 hijos por mujer), mientras que Chiapas presenta una de las más altas (1.8 hijos por mujer), mostrando la diversidad regional del fenómeno. De hecho, las mujeres con educación media superior o superior tienen un promedio de 1.2 hijos, en contraste con las mujeres sin escolaridad, que registran 4.9 hijos en promedio.

Las implicaciones de esta disminución en la maternidad son profundas y multifacéticas. La Encuesta Intercensal 2025 ya mostró un aumento en la edad mediana de la población de 29 a 32 años entre 2020 y 2025, evidenciando un envejecimiento demográfico más acelerado de lo previsto. Este cambio en la pirámide poblacional, que de un triángulo ha evolucionado a una forma más similar a una 'mantecada' o 'cup cake', con un mayor peso de adultos y adultos mayores, generará presiones significativas en el gasto público. Expertos anticipan una "bola de nieve" en el sector salud y la necesidad de redirigir inversiones, posiblemente reduciendo recursos para educación o vacunación infantil, y aumentando la capacitación y los servicios para una población adulta y de la tercera edad que demandará nuevas ocupaciones y cuidados.

El desafío para México es inmenso: adaptar su economía, sus lugares de trabajo y sus sistemas de cuidado a esta nueva realidad demográfica, donde la decisión de ser madre se ve cada vez más influenciada por la estabilidad económica, el apoyo social y las oportunidades personales.

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