México Aumenta Inversión en Primera Infancia, pero Desafío Internacional Persiste

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Descubre cómo México ha elevado su inversión per cápita en la primera infancia y las metas de la ENAPI 2026-2030 para lactancia y nutrición. Analiza la brecha con referentes internacionales y las propuestas de financiación.

México ha mostrado un incremento en su inversión en la primera infancia, un periodo crucial para el desarrollo humano, aunque aún se encuentra por debajo de los referentes internacionales clave. Las recientes discusiones y la publicación de la Estrategia Nacional de Atención a la Primera Infancia (ENAPI) 2026-2030, subrayan la necesidad de fortalecer los recursos y establecer mecanismos de financiación innovadores para garantizar el bienestar de los más pequeños.

Entre los años 2018 y 2025, México realizó una inversión en la primera infancia, que abarca a niñas y niños desde el nacimiento hasta los seis años. El presupuesto destinado a este sector pasó de 110,758 millones de pesos en 2018 a 216,560 millones de pesos en 2025, lo que representa un aumento nominal del 96% y un incremento real del 41%. A pesar de este progreso, diversas organizaciones y especialistas, incluyendo UNICEF, han señalado que estos avances, aunque relevantes, todavía son insuficientes para consolidar una inversión estratégica y prioritaria que responda a la magnitud de las necesidades del país.

En comparación con estándares globales, la inversión de México en la primera infancia en 2025 constituyó el 0.61% de su Producto Interno Bruto (PIB), cifra que se sitúa considerablemente por debajo del 1.5% recomendado internacionalmente. Asimismo, esta inversión representó solo el 2.53% del gasto público total y el 3.6% del gasto social en el mismo año. Para alcanzar el objetivo del 1.5% del PIB, se requerirían aproximadamente entre 300,000 y 313,000 millones de pesos adicionales, evidenciando una brecha financiera significativa que México debe abordar. Esta situación se discutió ampliamente en la 6ª Jornada Nacional de Inversión en Primera Infancia, celebrada el 10 de agosto de 2026 en la Ciudad de México, un evento que también sirvió como antesala a la 1ª Cumbre Latinoamericana de Inversión en Primera Infancia.

Algo fundamental es la reciente publicación de la “Estrategia Nacional de Atención a la Primera Infancia (ENAPI) 2026-2030” en el Diario Oficial de la Federación el 24 de julio de 2026. Esta estrategia busca articular el trabajo de más de 30 dependencias del Gobierno federal, organismos internacionales y la academia, con el objetivo de beneficiar a la niñez mexicana. La ENAPI está diseñada para consolidar una política nacional integral para las infancias, incluyendo la definición de mecanismos de financiamiento e indicadores estratégicos para la evaluación de políticas públicas.

La ENAPI 2026-2030 establece metas concretas y ambiciosas para mejorar la calidad de vida de los infantes. Entre sus objetivos se encuentra elevar la tasa de lactancia materna exclusiva del 34% actual al 50%. Es importante destacar que México se encuentra aún lejos de la meta del 70% de lactancia materna exclusiva establecida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para 2030. Otra meta es lograr que el 90% de las niñas y niños cuenten con su esquema de vacunación completo al año de vida. En el ámbito de la nutrición, la estrategia busca reducir la desnutrición crónica de un 14% a un 7.5%, considerando que la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) 2022 reportó que más del 14% de los menores de cinco años padecían esta condición. Además, la ENAPI se propone disminuir la pobreza extrema infantil del 8.8% al 7.3%.

La urgencia de aumentar la inversión se ve respaldada por las alarmantes cifras de pobreza infantil. Se estima que cuatro de cada diez niñas y niños menores de seis años viven en condiciones de pobreza, y casi la mitad de los menores de cinco años se encuentran en esta situación. Aunque ha habido una reducción general de la pobreza en el país, esta ha sido menos significativa en la primera infancia, pasando del 48.1% en 2022 al 41.9% en 2024, en contraste con la población total. Entidades con altos niveles de pobreza infantil, como Chiapas, Guerrero, Oaxaca y Veracruz, han recibido mayores incrementos en la inversión para la primera infancia. Adicionalmente, 1.5 millones de niños carecen de acceso a una alimentación nutritiva y de calidad, un indicador crítico que demanda atención prioritaria.

En la búsqueda de soluciones para financiar la brecha presupuestaria, se han planteado diversas rutas. Una propuesta destacada es fortalecer las contribuciones ligadas al empleo formal. Este modelo se inspira en experiencias internacionales, como la de Colombia, que financia una parte considerable de su política de primera infancia a través de un aporte patronal del 3%. México ya cuenta con un mecanismo similar, el Seguro de Guarderías y Prestaciones Sociales del IMSS, financiado con una cuota patronal del 1% sobre el salario base de cotización. Se ha estimado que cada punto porcentual adicional en esta cuota podría generar aproximadamente 51,000 millones de pesos anuales. Si la cuota se incrementara gradualmente al 3%, se podrían movilizar alrededor de 153,000 millones de pesos, lo que cubriría casi la mitad de los recursos adicionales necesarios para expandir la educación inicial y el primer año de preescolar. Otra vía de financiación explorada es la asignación de una parte de los impuestos saludables, como los aplicados al tabaco y alcohol, a programas de primera infancia, siguiendo el ejemplo de Filipinas.

La inversión en la primera infancia no es solo un acto de justicia social, sino una estrategia económica inteligente. El economista James Heckman ha demostrado que los programas de desarrollo infantil temprano pueden generar retornos de hasta el 13% anual, convirtiéndolos en una de las inversiones más rentables para el desarrollo a largo plazo. Los primeros años de vida son fundamentales para el desarrollo cognitivo, emocional, físico y social, ya que el cerebro forma hasta un millón de conexiones neuronales por segundo. Por lo tanto, asegurar una inversión suficiente, sostenida y bien orientada en esta etapa es un imperativo para el futuro próspero y equitativo de México. El anteproyecto del Presupuesto de Egresos de la Federación para 2027, que se presentará en septiembre, contemplará un anexo transversal específico para niñas, niños y adolescentes, lo que representa un paso importante, aunque los especialistas insisten en la necesidad de incrementar la asignación específica para la primera infancia.

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