Plan de Paz EE.UU.-Rusia: ¿Ultimátum a Kiev? Limitación Militar, Retirada del Donbás y Rechazo a la OTAN

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Un controvertido plan de paz impulsado por EE.UU. y Rusia propone a Ucrania limitar su ejército, retirarse del Donbás y renunciar a la OTAN. Kiev evalúa la propuesta mientras la comunidad internacional reacciona con cautela.

Un controvertido plan de paz, impulsado por Estados Unidos y Rusia, ha sido presentado a Ucrania con una serie de condiciones que buscan poner fin al conflicto, pero que implican significativas concesiones por parte de Kiev. El documento, filtrado y reportado por diversos medios internacionales este viernes 21 de noviembre de 2025, plantea un cese de hostilidades bajo términos que incluyen la limitación del ejército ucraniano, la renuncia a su aspiración de unirse a la OTAN y la retirada de territorios estratégicos.

Según los detalles trascendidos, el plan exige a Kiev limitar sus Fuerzas Armadas a un máximo de 600.000 efectivos una vez concluida la guerra. Esta cifra contrasta con los aproximadamente 900.000 soldados que Ucrania posee actualmente, y llega en un momento en que Kiev ha manifestado la necesidad de mantener un ejército robusto para disuadir futuras agresiones rusas.

Otro punto crucial del acuerdo es el descarte de la entrada de Ucrania en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Esta condición ha sido una demanda histórica de Moscú y se presenta como un pilar fundamental de la propuesta de paz. El plan también propone que Ucrania adopte un estatus de país no alineado.

En el ámbito territorial, la propuesta es particularmente sensible. El plan solicita que Ucrania se retire del territorio que aún controla en la región oriental del Donbás. Esta vasta área, que comprende las unidades administrativas de Lugansk y Donetsk, sería desmilitarizada y reconocida de facto como territorio ruso a nivel internacional. Actualmente, Rusia ejerce control sobre casi la totalidad de Lugansk y cerca del 75% de Donetsk, donde sus fuerzas han ganado terreno de manera constante.

Adicionalmente, se menciona que el plan exige a Ucrania el reconocimiento internacional de Crimea, Donbás y Lugansk como territorios rusos. En cuanto a otras regiones en disputa, como Jersón y Zaporiyia, el documento sugiere que estas quedarían bajo el control de los bandos según la partición marcada por la línea del frente al momento del cese de las hostilidades.

El plan, de 28 puntos, también incluye disposiciones sobre la central nuclear de Zaporiyia, la más grande de Europa y bajo control ruso desde el inicio de la invasión, estipulando que distribuiría electricidad a partes iguales entre el lado ucraniano y el ruso. Otras cláusulas contemplan una amnistía total para los implicados en la guerra, el intercambio de prisioneros, el retorno de niños deportados, y la celebración de elecciones en Ucrania en un plazo de cien días tras la entrada en vigor del acuerdo.

Además de las implicaciones militares y territoriales, el documento propone que Ucrania garantice la libertad religiosa y reconozca el derecho a usar el ruso en el sistema educativo y los medios de comunicación, una práctica actualmente restringida de facto. También se prevé que Estados Unidos lidere la reconstrucción de Ucrania, se levanten las sanciones contra Rusia, permitiendo su regreso al G8, y se cree un Consejo de Paz presidido por Donald Trump para supervisar el cumplimiento del acuerdo. Sorprendentemente, el plan incluye un punto donde Washington obtendría el 50% de los beneficios de un fondo con activos rusos congelados, destinados a "reconstrucción e inversiones".

La reacción de Ucrania ha sido cautelosa y de rechazo parcial. El presidente Volodímir Zelenski recibió el plan este jueves en Kiev, entregado por el secretario del Ejército de EE.UU., Dan Driscoll, y aunque lo está revisando, ha dado a entender que considera inaceptables varias de sus cláusulas. Zelenski ha declarado que trabajará "sin descanso" en los próximos días y semanas para avanzar hacia la paz en "términos asumibles" para Ucrania, prometiendo presentar argumentos, convencer y ofrecer alternativas. La presidencia ucraniana insiste en que cualquier solución debe implicar plenamente a Ucrania, preservar su seguridad y garantizar su futuro.

La comunidad internacional también ha expresado su preocupación. El ministro de Asuntos Exteriores de Noruega, Espen Barth Eide, calificó de "injusto" que Ucrania deba ceder territorio, enfatizando que la paz debe basarse en el derecho internacional y el respeto a la integridad territorial de Ucrania. Líderes europeos como el primer ministro británico Keir Starmer y la jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, han reiterado que el futuro de Ucrania debe ser determinado por Ucrania y que ninguna iniciativa puede avanzar sin Kiev. El ministro francés Jean-Noel Barrot advirtió que "la paz no puede ser una capitulación". La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, indicó que los líderes del G20 discutirán el plan.

Por su parte, el Kremlin ha instado a Zelenski a negociar "ahora mismo", señalando que continuar la guerra "carece de sentido". Sin embargo, el portavoz Dmitri Peskov indicó que Putin no ha recibido "ningún documento oficial" sobre el plan y se negó a comentar su contenido, argumentando que el Kremlin se opone a negociar la paz "con un megáfono en la mano". Este plan, negociado en secreto y a espaldas de Ucrania y la Unión Europea, según algunas fuentes, marca un hito en los esfuerzos diplomáticos, aunque su aceptación y viabilidad aún son inciertas.

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