Sinaloa Impulsa Reconocimiento del Ulama como Patrimonio Cultural de México y de la Humanidad
Publicado elSinaloa impulsa el reconocimiento del Ulama, milenario juego prehispánico, como Patrimonio Cultural de México y busca su postulación ante la UNESCO. INAH y autoridades locales trabajan para preservar esta tradición ancestral.
Sinaloa, 25 de febrero de 2026. El estado de Sinaloa ha dado un paso fundamental en la preservación de su riqueza ancestral al proponer oficialmente que el milenario juego prehispánico del Ulama sea declarado Patrimonio Cultural de México. Esta trascendental iniciativa, liderada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) a través de su delegación en Sinaloa, busca no solo resguardar esta práctica ancestral, sino también garantizar su pervivencia y proyección en el ámbito nacional e internacional.
El proceso para este reconocimiento avanza en dos frentes cruciales. Inicialmente, se persigue la incorporación del Ulama al Inventario del Patrimonio Cultural Inmaterial de México (IPCIM). Paralelamente, se están preparando los expedientes necesarios para postularlo ante la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO. Estas gestiones tienen como objetivo primordial asegurar la salvaguardia de la práctica y fortalecer su visibilidad, proyectando la relevancia de esta tradición que se ha mantenido viva en el territorio sinaloense a lo largo de los siglos.
La propuesta es respaldada por una amplia coalición de instituciones y ayuntamientos, lo que subraya la importancia de la iniciativa a nivel estatal y regional. Entre los organismos que se han sumado a esta causa figuran el Instituto Sinaloense de Cultura, el Congreso del Estado de Sinaloa y los ayuntamientos de Mocorito, Mazatlán, Salvador Alvarado y Escuinapa. Este frente unido busca blindar la conexión intrínseca del Ulama con Sinaloa, evitando que agentes externos modifiquen o comercialicen la práctica sin el consentimiento expreso de las comunidades que, con dedicación, la han preservado.
El Ulama, con una historia que se remonta a más de 3,500 años, es un vestigio vivo de las culturas prehispánicas, siendo popular entre civilizaciones como la Azteca y la Maya. Históricamente, el juego, una variante del “Ullamaliztli”, no era meramente un deporte, sino una profunda expresión religiosa que simbolizaba la lucha de fuerzas opuestas como la vida y la muerte, el valor y la cobardía, o el día y la noche. Esta profunda conexión con las creencias y la cosmovisión de los antiguos pueblos indígenas le confirió un significado espiritual que trascendía lo lúdico. Sin embargo, con la llegada de los conquistadores españoles, la práctica fue prohibida por las autoridades eclesiásticas, quienes la consideraban “diabólica y salvaje”, llevando a la desaparición gradual de los campos de juego y a que la tradición se mantuviera oculta en comunidades específicas.
Hoy en día, el Ulama sobrevive en algunas localidades de Sinaloa, incluyendo municipios como Mocorito, Angostura, Guamúchil, Sinaloa de Leyva, Mazatlán, El Rosario y Concordia, siendo el último reducto en el país donde se conserva activamente. Se practica en tres modalidades principales: Ulama de antebrazo, Ulama de cadera y Ulama con mazo. La pelota utilizada es de hule natural y puede pesar entre 500 gramos y 4 kilos, dependiendo de la modalidad. Para amortiguar el impacto de la pelota, los jugadores se protegen con fajas de piel de venado y vendas. Dos jueces de campo, conocidos como “veedores”, son los encargados de aplicar las reglas durante el juego.
Silvia María Sepúlveda Ponce, coordinadora del Proyecto Ulama, ha enfatizado la urgencia de establecer un registro oficial de jugadores. Este padrón no solo permitirá reconocer formalmente a los portadores del conocimiento tradicional, sino que también sentará criterios claros sobre las reglas y la dinámica del juego, protegiendo así la autenticidad de la práctica frente a posibles intentos de apropiación o tergiversación externa. Además, la iniciativa contempla la diferenciación entre “portador” (quien hereda el conocimiento directamente) y “practicante” (quien aprende externamente), crucial para un programa piloto de enseñanza que garantice la transmisión legítima de la técnica original por parte de los verdaderos custodios de la tradición.
En un esfuerzo adicional por garantizar su permanencia, la diputada federal Graciela Domínguez Nava presentó una iniciativa de reforma a la Ley General de Cultura Física y Deporte y a la Ley General de Educación. Esta propuesta busca integrar los juegos y deportes autóctonos, incluido el Ulama, en el currículo de la educación básica en México, permitiendo que las nuevas generaciones no solo conozcan su historia, sino que también los practiquen activamente. La legisladora señaló que “legislar en favor de los juegos y deportes autóctonos es legislar en favor de México”, destacando su valor para fortalecer el tejido social, los valores comunitarios y la identidad cultural.
A pesar de estos esfuerzos, la continuidad del Ulama enfrenta desafíos significativos, como la falta de financiamiento, las dificultades logísticas para el traslado de los equipos y la escasez de materiales específicos, especialmente el hule natural necesario para fabricar las pelotas. No obstante, para las comunidades que lo mantienen vivo, el Ulama representa mucho más que un juego; es un pilar de cohesión social, identidad y resiliencia frente a los desafíos cotidianos. Fomenta la fe, la identidad y un sólido compromiso comunitario, basado en la autogestión y la cooperación económica, lo que lo convierte en un valioso activo cultural y social que Sinaloa está decidido a preservar para las futuras generaciones.
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