UNAM Alerta: El Alarmante Gasto Diario y la Informalidad Laboral que Erosionan la Salud y la Economía de los Mexicanos

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Con un 54.8% de trabajadores afectados, impactan severamente la salud y la economía. Descubre los desafíos que enfrentan los mexicanos para comer saludablemente.

Un reciente estudio de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), titulado 'Comer Trabajando', ha puesto de manifiesto una preocupante realidad para los trabajadores mexicanos: el gasto diario destinado a la alimentación fuera del hogar no solo es excesivo, sino que agrava la desigualdad alimentaria y socava la dignidad en el ámbito laboral. Esta investigación revela cómo las condiciones actuales están afectando negativamente la salud y la economía de la población.

Según los hallazgos de la UNAM, el acto de trabajar trasciende la mera actividad económica, configurándose también como un espacio social que moldea el cuerpo, el tiempo y las posibilidades cotidianas de acceso a una alimentación nutritiva. Los investigadores señalaron que horarios laborales extenuantes, la notoria ausencia de espacios adecuados para comer —como comedores— en las empresas, y los prolongados tiempos de traslado hacia los lugares de trabajo, fuerzan a los individuos a recurrir al consumo de alimentos en la vía pública o en establecimientos de comida rápida.

Esta dinámica implica un desembolso significativo para los trabajadores. El estudio cuantificó que los colaboradores gastan entre 150 y 200 pesos diarios en comida, una cifra alarmante que representa entre el 20% y el 30% de sus ingresos diarios. Este impacto es particularmente agudo en las grandes zonas urbanas, donde la alta densidad de población contribuye a tiempos de traslado más prolongados, exacerbando la necesidad de adquirir alimentos fuera del hogar.

La investigación de la UNAM identificó a varios grupos de trabajadores de bajos ingresos en la Ciudad de México como los más afectados por esta desigualdad alimentaria. Entre ellos se encuentran albañiles, trabajadoras del hogar, personal de limpieza de espacios públicos, transportistas, cargadores y diableros.

Un ejemplo elocuente de estas condiciones se observa en el sector de la construcción. Para los albañiles, si bien la hora de la comida suele respetarse con una pausa colectiva, a menudo se ven obligados a usar mesas improvisadas, el suelo o rincones dentro de las obras para consumir sus alimentos. La dieta común en estos contextos incluye refrescos, guisados y tortillas, que compran cerca del lugar de trabajo o traen desde casa.

Contrastando con esta situación, las trabajadoras del hogar, a pesar de desempeñarse en entornos donde hay acceso a cocinas y alimentos, enfrentan restricciones simbólicas sobre qué y cuándo pueden comer. Esta realidad subraya la complejidad de la desigualdad alimentaria, que no solo se manifiesta en la capacidad económica, sino también en las normas sociales y las condiciones laborales.

El contexto de esta problemática se ve agravado por la persistente alta tasa de informalidad laboral en México. Datos recientes del primer trimestre de 2026, publicados por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y analizados por diversas fuentes, indican que el 54.8% de los trabajadores mexicanos se encuentran en el empleo informal. Esta cifra representa una disminución marginal respecto al trimestre anterior (55.0%), pero un aumento comparado con el primer trimestre de 2025 (54.3%).

La informalidad laboral tiene profundas implicaciones en la economía y la salud de los mexicanos. En el primer trimestre de 2026, el 30.7% de la población se encontraba en situación de pobreza laboral, un mínimo histórico en la serie, aunque aún significa que aproximadamente 40.3 millones de personas no pueden adquirir la canasta alimentaria para todos los integrantes de su hogar con su ingreso laboral. Además, un 60% de la población nacional no tiene ingresos laborales suficientes para cubrir la canasta alimentaria y no alimentaria, lo que implica que tres de cada cinco personas no pueden satisfacer sus necesidades básicas con su salario.

La situación es aún más desafiante para aquellos atrapados en la pobreza laboral. Un estudio del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY) reveló que el 65.8% de las personas en pobreza laboral durante el primer trimestre de 2025 permanecieron en esta condición en el primer trimestre de 2026. Es decir, no lograron generar ingresos suficientes para cubrir una canasta alimentaria básica durante al menos un año.

Factores como la jefatura de hogar femenina, el empleo informal, la baja participación laboral de otros miembros del hogar y la residencia en estados con altos índices de pobreza como Chiapas, Veracruz, Guerrero o Hidalgo, aumentan la probabilidad de persistir en la pobreza laboral. Las mujeres, en particular, enfrentan mayores obstáculos, con más mujeres que hombres en situación de pobreza laboral en todas las entidades federativas del país.

 

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