Bailar Puede Superar a Correr en Quema de Calorías y es el Preferido de México

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Un metaanálisis revela que bailar, el deporte preferido de muchos mexicanos, podría quemar más calorías que correr y ofrecer beneficios únicos para la composición corporal, con una menor percepción del esfuerzo y mayor adherencia.

Un reciente análisis ha puesto en el centro del debate una cuestión fundamental en el ámbito del ejercicio físico: ¿es el baile una alternativa superior a la carrera para la quema de calorías y la mejora de la composición corporal? Un artículo aborda esta interrogante, revelando hallazgos respaldados por la ciencia que posicionan al baile como una opción altamente efectiva y placentera, especialmente popular entre los mexicanos.

Tradicionalmente, la carrera ha sido considerada una de las actividades con mayor gasto calórico. Según datos de la Clínica Mayo y el American Council on Exercise, una persona de aproximadamente 70 kilogramos que corre a 8 km/h durante 60 minutos puede quemar alrededor de 606 kilocalorías. Sin embargo, el baile vigoroso, que incluye estilos como la salsa, la zumba o el baile aeróbico, puede generar un gasto energético considerable, oscilando entre 300 y 550 kilocalorías por hora para el mismo perfil de persona. Otras fuentes señalan que tan solo 30 minutos de baile pueden quemar hasta 250 calorías, una cantidad similar a la de un trote de igual duración. De hecho, tipos de baile más intensos pueden incluso alcanzar las 500 calorías por hora, equiparándose a actividades como trotar o nadar en términos de vigor.

La clave de la eficacia del baile, según expertos y estudios, reside en un factor: la percepción del esfuerzo y el disfrute. A diferencia de otras formas de ejercicio que pueden percibirse como monótonas o exigentes, el baile es placentero. Esta característica facilita que los participantes lo sostengan en el tiempo con mayor facilidad, lo que se traduce en una mayor adherencia a la actividad física a largo plazo. Bailar permite quemar calorías casi sin darse cuenta, ya que la música y el ritmo actúan como poderosos motivadores, manteniendo el disfrute constante. El “factor diversión” es, para muchas personas, superior en el baile en comparación con el entrenamiento convencional.

El respaldo científico a estos beneficios es contundente. Un metaanálisis publicado en PLoS ONE en 2024, tras analizar 654 estudios y seleccionar 10 en su análisis final con 646 participantes con sobrepeso u obesidad, encontró reducciones estadísticamente significativas en todos los indicadores de composición corporal medidos, en contraste con un grupo con un estilo de vida sedentario. Los autores de este estudio, Zhang et al., concluyeron que el baile constituye una intervención efectiva para la pérdida de grasa en individuos con sobrepeso u obesidad, atribuyendo parte de su éxito a la mayor facilidad de mantenimiento de la práctica por su carácter disfrutable. Además, una revisión sistemática realizada por la Universidad de Sídney y publicada en Sports Medicine en 2024, determinó que los programas de danza estructurada de al menos seis semanas mejoran la salud cardiovascular a un nivel comparable al de otras formas de ejercicio, superándolos en la reducción del índice de masa corporal (IMC). Esta investigación también destacó mejoras en el peso corporal, el porcentaje de grasa y la circunferencia de la cintura, siendo particularmente efectiva en personas menores de 45 años.

Más allá de la quema de calorías, el baile ofrece una multitud de beneficios ocultos para la salud física y mental. Mejora la salud cardiovascular al aumentar la capacidad pulmonar y la resistencia física, fortalece los músculos, mejora el equilibrio y la coordinación, y contribuye al fortalecimiento de los huesos. A nivel cognitivo, el baile reduce el riesgo de demencia y mejora la memoria, además de estimular la función cerebral, la concentración y la agilidad mental mediante el aprendizaje de nuevos pasos y el seguimiento del ritmo. En el plano emocional, bailar libera dopamina y endorfinas, neurotransmisores que mejoran el estado de ánimo, reducen el estrés y aumentan la energía. Un estudio de la UCLA reveló que el 98% de los bailarines encuestados afirmó sentirse más seguro gracias a la danza. También se ha documentado su impacto positivo en el suelo pélvico, la autoestima y la reducción de triglicéridos en sangre, así como la mejora de la lipoproteína de alta densidad (colesterol bueno).

La variedad de estilos de baile permite adaptar la actividad a las preferencias individuales y a los objetivos de quema calórica. Por ejemplo, una hora de salsa puede quemar entre 400 y 550 kilocalorías, mientras que tres horas de bachata social podrían quemar entre 900 y 1.050 kilocalorías, y hasta 1.200 kilocalorías si es en estilo sensual o de presentación. El merengue se estima entre 350 y 450 kilocalorías por hora, y la zumba, entre 500 y 800 kilocalorías. Otros estilos como el ballet pueden quemar entre 240 y 400 calorías por hora, y el baile moderno o contemporáneo, entre 300 y 450 calorías por hora, dependiendo de la intensidad.

El baile también destaca por su baja barrera de entrada y su versatilidad. Es una actividad física completa que tonifica músculos, aumenta el riego sanguíneo y la oxigenación. Puede practicarse de manera individual o en grupo, en clases estructuradas o de forma libre en casa. Para la mayoría de quienes se ejercitan en México, el 76.1% citando la salud como motivo principal (Módulo de Práctica Deportiva y Ejercicio Físico – MOPRADEF 2024), el baile emerge como una alternativa con un creciente respaldo científico y una barrera de entrada prácticamente nula, además de ser una actividad social recurrente. En definitiva, el baile se posiciona no solo como una opción divertida, sino como una intervención de ejercicio altamente beneficiosa y sostenible para la salud general y la composición corporal.

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