UNAM Alerta: Uso Excesivo de Pantallas Daña Desarrollo de Niños Mexicanos; Urgen Hábito Responsable y Acompañamiento Adulto

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Un informe de la UNAM advierte sobre los daños en el desarrollo motor, cognitivo, lingüístico y socioemocional de niños por el uso excesivo de pantallas. Se insta a promover hábitos digitales responsables y el acompañamiento adulto.

La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) ha emitido una serie de advertencias sobre los perjuicios significativos que el uso excesivo de dispositivos y pantallas está causando en el desarrollo integral de menores de edad, generando una profunda preocupación sobre la salud infantil en la era digital. Estudios recientes, respaldados por investigaciones transculturales y nacionales, subrayan cómo la exposición prolongada a pantallas compromete aprendizajes esenciales y retrasa hitos cruciales en la primera infancia.

Especialistas de la UNAM, incluyendo a Gabriel Gutiérrez Ospina, investigador del Instituto de Investigaciones Biomédicas, y Alan Alexis Mercado Ruiz, docente de la misma institución, han enfatizado que el desarrollo infantil depende fundamentalmente de la interacción social y la exploración física del entorno. La interacción exclusiva con pantallas, en lugar de complementar estas experiencias, las sustituye, lo que conlleva a un subdesarrollo de habilidades vitales.

Las investigaciones han documentado que, en México y otros países latinoamericanos, niñas y niños de entre uno y tres años (12 a 48 meses) permanecen entre tres y cuatro horas diarias frente a televisores, tabletas o teléfonos móviles. Este tiempo excede significativamente las recomendaciones de organismos como la Academia Americana de Pediatría, que sugiere que los menores de dos años no deberían usar pantallas y que los niños de dos a cinco años deben limitar su exposición a una hora diaria, siempre bajo la supervisión de un adulto.

Los daños observados por la UNAM son multifacéticos, afectando diversas áreas del desarrollo: motor, cognitivo, lingüístico y socioemocional. En el ámbito lingüístico, el consumo elevado de pantallas se ha vinculado a retrasos en la adquisición del lenguaje infantil, disminuyendo la densidad léxica y afectando la pronunciación clara. El estímulo unidireccional de las pantallas, sin la retroalimentación verbal y emocional necesaria, erosiona el contexto que permite a los niños interactuar y aprender del mundo físico y social.

A nivel cognitivo, los expertos señalan dificultades para mantener la atención y una disminución en la capacidad de concentración sostenida. Esto se debe a que el cerebro se acostumbra a recibir información rápida e inmediata, lo que dificulta la concentración en tareas que requieren mayor tiempo o profundidad. Asimismo, se han observado alteraciones en mecanismos básicos de aprendizaje, como la retención de información y la comprensión de conceptos complejos.

El desarrollo motor también se ve comprometido, especialmente la motricidad gruesa. Actividades esenciales para el crecimiento físico, como correr, trepar, patear o brincar, no se ejecutan adecuadamente debido al tiempo prolongado frente a los dispositivos. La plasticidad cerebral y el desarrollo motriz dependen directamente de la diversidad y calidad de estímulos recibidos, y la dependencia excesiva de las pantallas restringe estas oportunidades de exploración y movimiento.

En la esfera socioemocional, la ausencia de interacciones cara a cara limita la adquisición de competencias emocionales fundamentales. Los niños pueden tener dificultades para leer expresiones, regular sus emociones y comprender normas sociales complejas. El consenso científico destaca que el principal problema no radica en la tecnología en sí, sino en la ausencia de interacción humana durante su uso, privando a los menores de experiencias esenciales para un desarrollo equilibrado.

Las advertencias de la UNAM se basan en sólidas investigaciones científicas, incluyendo un estudio transcultural publicado en la revista PLOS ONE, que analizó el impacto del uso de pantallas en 1,878 infantes de 12 a 48 meses en 19 países latinoamericanos. Este estudio confirmó que el uso excesivo de dispositivos se asocia negativamente con el desarrollo del lenguaje y las habilidades motoras. Otro estudio, de la Revista de Psicología Clínica con Niños y Adolescentes, observó a 91 infantes mexicanos de 12 a 36 meses, encontrando que un mayor tiempo frente a pantallas se correlaciona con un menor desarrollo del lenguaje y retrasos en hitos motrices y lingüísticos.

Ante este panorama, los especialistas de la UNAM enfatizan que la tecnología no es intrínsecamente negativa. Su impacto, señalan, depende del acompañamiento y la intencionalidad en su uso. Es crucial promover hábitos responsables y una participación activa de los adultos para que la tecnología complemente, y nunca reemplace, las experiencias esenciales para el desarrollo infantil.

Las claves para reducir los riesgos incluyen la supervisión constante y la elección cuidadosa de contenidos apropiados para la edad. Los expertos también resaltan la importancia de la “alfabetización digital” en las familias como una estrategia para reducir la dependencia de pantallas sin generar conflictos. Esto implica que padres, madres y cuidadores deben tomar conciencia sobre los contenidos que sus hijos consumen y fijar límites claros en el tiempo de exposición. Fomentar experiencias humanas ricas en interacción y exploración del mundo físico es fundamental para propiciar un desarrollo equilibrado y saludable en la primera infancia.

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