Las canicas del poder ¿con cuántas cuentas?

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Corría el año de 2003. Las aguas de la sucesión presidencial empezaban ya a moverse. El entonces Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, el popular Peje, se movía entre las sombras para apuntalar su candidatura por el PRD.

Corría el año de 2003. Las aguas de la sucesión presidencial empezaban ya a moverse. El entonces Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, el popular Peje, se movía entre las sombras para apuntalar su candidatura por el PRD. Buscaba dejar atrás la cadena consecutiva de derrotas de la izquierda encabezado por el ingeniero Cárdenas, quien insistía en postularse por cuarta vez.

 

Para tal propósito el Peje activó a través de su operador político René Bejarano, la idea de una estructura electoral ciudadana paralela a los cuadros de su partido y fuera del alcance de los dirigentes del mismo. El y  sus asesores habían llegado a la conclusión de que el puro apoyo del PRD era insuficiente para alcanzar la presidencia de la república y ocupaban, entonces, jalar apoyos y votos de otros segmentos de la sociedad no identificados necesariamente con esa ideología. Así nacieron los comités ciudadanos de participación política, entes apartidistas que tenían como fin aglutinar esfuerzos alrededor de la figura de Andrés Manuel, invitando a todo tipo de personas físicas y morales a sumarse a la potencial candidatura del Peje.

René Bejarano
René Bejarano

 

En el año 2004 se designaron representantes por cada circunscripción y por cada estado. Aquí tocó Socorro Díaz por la primera circunscripción, y como representante en Sinaloa quedó Dolores Gutiérrez Zurita, oriunda de Tabasco, la tierra de Andrés  Manuel. Las indicaciones que portaban consistían en incorporar a gente de dinero al proyecto, hombres de empresa que pusieran a disposición del movimiento, sus recursos y su prestigio personal como hombres de éxito.

Muchos profesores universitarios se incorporaron al PAN (Proyecto Alternativo de Nación) desde finales de 2003 y principios de 2004, pensando que el llamado a encabezar la resistencia se haría sobre el primado de las clases subalternas y no sobre el liderazgo de grupos oligárquicos, como finalmente ocurrió. Se empezó a ver con mucho recelo tanta insistencia de buscar a empresarios, entendiendo como tales a gente de dinero que estuviera interesada en aportar parte de su peculio  para hacer crecer el movimiento. Se argumentó que eso era una contradicción de la consigna "por el bien de todos primero los pobres". Primeros para qué, se discutía, si solo se están buscando liderazgos de entre la oligarquía local, poniéndo a su disposición las candidaturas por el solo hecho de aportar dinero al movimiento.

 

Las primeras inconformidades le estallaron a Andrés Manuel en la cara cuando designó como candidatos al Senado al expresidente municipal de Guasave, Raúl Inzunza, un latifundista de extracción priista, y a Víctor Manuel Gandarilla Carrasco, un político profesional ex dirigente estatal del PRI y vinculado a importantes grupos de poder político-económico de la entidad.

Cuando todavía no aparecía Morena, cuando todavía no desaparecía el PRD, cuando el Proyecto Alternativo de Nación todavía estaba en su cuna,  así decidió en 2005 Andrés Manuel su estrategia definitiva de movilización político-electoral: abrir las puertas a todo mundo que quisiera caminar a su lado evitando sectarismos. Correcto. Sin embargo, eso trajo consigo, a su vez, un descomunal oportunismo que vendría a socavar con el tiempo la integridad y la pureza de un ideal que aspiraba a ser el patrimonio de un México honesto, valiente y verdadero.

 

 Es un hecho: la política electoral y el dinero no son buenos compañeros, pero una sin el otro no pueden vivir. Es un matrimonio de conveniencia. Para tener "canicas", es decir, capacidad de movilizar contingentes, se necesita mucho dinero y muchas ganas de obtenerlo de donde sea, y eso es una espada de Damocles que pende de un hilo muy fino que con cualquier aire fuerte se rompe y cae sobre la cabeza de quien detenta el poder.
En la política real, los puros de corazón no tienen nada que hacer. No hay lugar para la politica ficción, dijo un ex presidente. ¿Será?

 

 

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