Muera Yo y los Filisteos
Publicado el , y escrito por:En política, las desgracias vienen propiciadas por personas muy cercanas a ti, a las cuales les diste toda tu confianza y cariño, y que fueron objeto de grandísimos favores y deferencias otorgadas cuando estabas en la cima del poder.
Todos conocen la historia de Sansón, ese personaje bíblico de fuerza descomunal que era el terror de sus enemigos, quienes no veían la forma de poderlo derrotar. Desesperados por descubrir el secreto de su fuerza, convencieron a su esposa Dalila de que obtuviera por boca de él esa revelación. Tras mucho insistir, Sansón, obnubilado por su amor, le confiesa a ésta que su fuerza radicaba en su larga y esplendorosa cabellera. En un rapto de alta traición, Dalila aprovecha el sueño de Sansón para cortarle sus cabellos y así despojarlo de su enorme poder. Dando aviso a sus cómplices de lo que había hecho y de que su temido enemigo ya no era lo que había sido, estos se avalanzan sobre él, lo someten y le sacan los ojos como castigo por todo lo que les había hecho.
Sansón se convierte en un paria, deambulando por las calles todo andrajoso y famélico, cual un perro sarnoso. Sus enemigos se burlaban de él y lo martirizaban diciéndole: anda Sansón, demuestranos tu fuerza, levanta tu gran mazo y destruyenos al tiempo que lo empujaban y le metían zancadillas para que cayera al barro.
La soberbia de sus enemigos fue el principio de la venganza de Sansón. Confiados en que ya no volvería a ser el Sansón de antes, no tuvieron cuidado en seguirle cortando el pelo y dejaron que su cabellera volviera a crecer. Al hacerlo, Sansón recupera de nuevo su antigua fuerza. Finge seguir débil y espera el momento oportuno para ejercer su venganza. Al saber que sus enemigos se encontraban reunidos en el templo, a tientas llega hasta ahí y ejerciendo fuerza sobre dos columnas que sostenian el techo del edificio, grita al mismo tiempo que las derribaba: "Muera Yo y los Filisteos".
En esta acción Sansón muere, pero también mueren todos aquellos que se confabularon contra él y le provocaron un terrible daño.
En política, las desgracias vienen propiciadas por personas muy cercanas a ti, a las cuales les diste toda tu confianza y cariño, y que fueron objeto de grandísimos favores y deferencias otorgadas cuando estabas en la cima del poder. Por resentimiento o por instinto de conservación, estos allegados no vacilan en entregarte a tus enemigos, pensando que ya caído en desgracia serán salvos ellos. Sin embargo, en muchas ocasiones sucede que quien cae arrastra consigo a todos aquellos que lo traicionaron y buscaron su salvación y beneficio a costa suya.
Solo hay que recordar lo siguiente: Roma propicia la traición, pero Roma no paga a traidores, los ejecuta.
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