La Mediocridad del Fútbol Mexicano

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México ha sido derrotado de nuevo por Argentina en un partido eliminatorio de fútbol. Parece una maldición que sufre nuestra selección de fútbol cada vez que se enfrenta al combinado albiceleste.

México ha sido derrotado de nuevo por Argentina en un partido eliminatorio de fútbol. Parece una maldición que sufre nuestra selección de fútbol cada vez que se enfrenta al combinado albiceleste, desde aquella vez que Maxi Rodriguez metiera un gol por la escuadra en tiempo extra para eliminarnos de pasar al quinto partido del mundial de Alemania 2006.

Esta vez fue la selección sub 20 la que cayó en el mundial juvenil de Chile por marcador de 2 a 0, y rompe las aspiraciones de México de ser campeones de la mano de su nueva figura Gilberto Mora.

Fue un partido de mucha intensidad y marca rigurosa, a veces cayendo en la rudeza acostumbrada por parte de los argentinos.  Su presión alta confundió el juego de México y obligó a saltar su línea de mediocampo con balonazos al frente que se perdían en la nada de la imprecision. Una baja temprana y un torpe descuido defensivo abrieron el marcador a favor de Argentina, la cual ya no perdió la ventaja y la amplió a un 2 a 0 en el segundo tiempo con una penetracion por el centro que ningún defensa pudo detener.

La superioridad del fútbol argentino quedó más que demostrada por la forma en que anuló el juego de conjunto y a las individualidad mexicanas, de tal suerte que sus estrella naciente no pudo hacer prácticamente nada. Mora fue secado por la marcacion férrea de los argentinos y ello refleja que todavía está en una etapa formativa y no definitiva como nos lo quieren vender sus promotores.

No cabe duda de que al fútbol mexicano le hace falta casi una política  de Estado para poder salir de su mediocridad y convertirse algún día en protagonista indiscutible de las grandes gestas del fútbol mundial. Afición la tiene, y de sobra, a ambos lados de la frontera norte, pero esa pasión de su fanaticada no se corresponde con los resultados deportivos que la selección nacional otorga. La entidad encargada de este deporte llamada Femexfut, de carácter privado, pero que usufructa nuestra bandera y nuestro himno, es una de las que perciben más ingresos a nivel mundial, producto de las giras que las selecciones hacen en Estados Unidos con estadios repletos de paisanos; sin embargo, es la que más decepciones acarrea a los aficionados por las recurrentes eliminaciones tempranas de los torneos internacionales.

A diferencia de Argentina que con poco presupuesto siempre logra estar en los primeros planos, en México hace falta invertir más en el desarrollo de sus jugadores, aplicar una metodología avanzada tanto en lo físico  como en lo táctico, preparar bien a los entrenadores nacionales, y sobre todo, debe tomarse esto con suma seriedad dejando atrás la inveterada práctica de la simulación y la impostura tan típica del México profundo.

Cuando un joven va a realizar una visorías a un club profesional, lo primero que le exigen es que dé la talla en su complexión física, principalmente de estatura, y lo exigen con mucho rigor. La incongruencia es que de repente uno ve como seleccionado nacional a alguien que mide 1,55 o 1,64 y que ni de chiste hubiera sido seleccionado en una visoría sin la recomendación de una academia o un personaje vinculado al fútbol, como lo sería un papá ex jugador profesional. Estas incongruencias en la etapa de los procesos formativos son las que mantienen en el atraso a nuestro fútbol, porque quedan en el camino verdaderos portentos de este deporte que se pierden en la intrascendencia del fútbol llanero de todo el país.

Conozco casos de jugadores como Pepe Saracho de Guasave o Antonio Rentería de Culiacán, que si hubieran debutado en primera división, hubiesen sido grandísimos jugadores de talla internacional. Hay muchos más que nutren el anecdotario regional del país y que son muy conocidos de quienes han practicado a nivel amateur este deporte toda su vida. En fin, el futbol profesional en México necesita enormes mejorías si quiere alguna vez derrotar en selecciones a su eterno nemesis que es la selección argentina de fútbol, la cual no deja de considerarnos "su hijo" en este deporte.

 

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